Sublimación de precisión.
Donde el patronaje se vuelve performance.
La sublimación dye-sublimation no es serigrafía moderna. Es un proceso físico distinto: el pigmento — depositado primero sobre papel transfer Coldenhove ULTIMATE — se convierte en gas a 200°C y se integra molecularmente a la fibra del poliéster. No queda en superficie. No es una capa. Es parte del hilo.
Para que esto funcione necesitás tres cosas: una impresora capaz de gestionar tinta dispersa con precisión sub-pixel, perfiles ICC calibrados para tu lote específico de tela, y una calandra que mantenga temperatura uniforme durante el ciclo completo. Nosotros usamos un Roland Texart RT-640 — 1625mm de ancho, sistema CMYK con 4 cartuchos de tinta Texart eco-passport — y calibramos los perfiles cada mes contra muestras tela-papel reales. No copiamos perfiles genéricos del fabricante.
CLO 3D entra al inicio del proceso. Antes de cortar tela, modelamos la prenda digitalmente: armamos las piezas, simulamos la elasticidad del tejido, vestimos al avatar y vemos exactamente cómo cae el calce sobre el cuerpo en posición aero, en cabra, en postura de carrera. Eso reduce el prototipado físico en ~80%. Donde antes hacíamos 4 muestras de tela para llegar al patrón final, hoy hacemos 1.
¿Por qué sublimación gana a serigrafía? Tres razones: durabilidad (200+ lavadas vs ~30), transpirabilidad (no hay capa plastisol sobre la tela, el aire pasa) y diseño (logos full-bleed, gradientes, fotorrealismo — imposible con serigrafía). El trade-off: solo funciona en poliéster (o mezcla >85%). Algodón no acepta sublimación.
Cada prenda pasa por inspección manual antes de salir. Costuras planas con máquina overlock + recubridora, refuerzos en zonas de fricción (entrepierna, axilas), elásticos siliconados en mangas y faldones. Tres ingenieros textiles revisando cada lote.