Intentamos escapar del taller
Volver a Stories

Intentamos escapar del taller

Crecimos entre máquinas de tejer y queríamos otra vida. Terminamos construyendo nuestra propia marca desde el mismo lugar del que intentamos huir.

Antílope20 de mayo de 20265 min de lectura

Hay una foto que no existe.

No la tomamos porque en ese momento nadie pensaba que valía la pena guardar ese recuerdo. Éramos dos hermanos ayudando en el negocio familiar, aprendiendo sin querer cómo se enrolla una tela, cómo suena una máquina plana cuando cose bien, cómo se ve una costura que va a durar y una que no.

Atuntaqui, Ecuador. Una ciudad que huele a hilo y a producción.

Crecimos ahí. Entre rollos de tela y pedidos de sweaters. Mientras otros niños salían a jugar en la tarde, nosotros aprendíamos el oficio sin saber que lo estábamos aprendiendo.

Y quizá por eso, durante mucho tiempo, quisimos escapar.

Yo terminé estudiando producción musical. Gaby se fue por ingeniería empresarial. Teníamos claro que nuestro futuro estaba lejos de las máquinas, lejos de la confección, lejos de todo eso que ya conocíamos demasiado bien.

El problema con escapar de algo que te forma es que lo llevás con vos a todas partes.

La obsesión por el detalle. La incomodidad con lo mal hecho. La necesidad de entender cómo funciona cada cosa antes de confiar en ella. Todo eso lo aprendimos en el taller, aunque en ese momento no lo llamábamos aprendizaje.

En 2017 dimos el primer paso sin saber muy bien hacia dónde íbamos. No había un plan de negocios. No había inversionistas. No había una visión clara de lo que iba a ser ANTILOPE.

Había curiosidad. Había necesidad. Y había algo que ya sabíamos hacer aunque no quisiéramos admitirlo.

En 2018 nació la marca. Y con ella, la pregunta que todavía nos hacemos: ¿cuándo exactamente dejamos de intentar escapar y empezamos a construir?

No sabemos la respuesta exacta. Pero sí sabemos esto: el taller que queríamos dejar atrás se convirtió en nuestra mayor ventaja. El oficio que heredamos sin pedirlo se convirtió en la base de todo lo que hoy producimos.

Hay algo que casi nadie entiende sobre ANTILOPE.

No somos una marca que decidió fabricar localmente por convicción filosófica. Somos personas que simplemente siempre supieron cómo se hace esto — y que tardaron un tiempo en aceptar que eso valía algo.

Hoy confeccionamos más de 20.000 prendas al año bajo el mismo techo donde empezamos. Las mismas manos que aprendieron el oficio décadas atrás siguen siendo parte de lo que hacemos. Y nosotros seguimos aprendiendo, como siempre, sobre la marcha.

Intentamos escapar del taller.

Terminamos construyendo nuestro futuro dentro de él.

FOTO: manos trabajando en máquina de coser — detalle close-up

Antílope

Hecha en Atuntaqui. Probada en altura.