
Hecho en Atuntaqui: el viaje de tu kit antes de que te lo pongas
Reportaje del taller: patronaje en CLO 3D, sublimación que vive dentro de la fibra y costura bajo el mismo techo. Por eso los tiempos se cuentan en días.
Hay una idea instalada de que la ropa de ciclismo «de verdad» viene de lejos. De Italia si eres romántico, de China si eres realista. La ropa de ciclismo hecha en Ecuador suena, para muchos, a plan B.
Este es el reportaje de por qué esa idea está vieja. Sucede en Atuntaqui, a dos horas de Quito, en un taller donde un kit — el tuyo, si lo pides — pasa de idea a prenda sin salir nunca del mismo edificio.
El pueblo que vive de la tela
Atuntaqui no es un lugar exótico para producir: es el lugar obvio. El pueblo lleva décadas cosiendo — generaciones que crecieron entre máquinas rectas y overlock, oficio acumulado en las manos. Cuando acá se dice «producción propia», no significa una oficina que subcontrata: significa que el patrón, la impresión, el corte, la costura y el empaque comparten techo.

Primero, un patrón que no existe en papel
Tu kit nace en una pantalla. Cada prenda se modela en CLO 3D y se prueba sobre un avatar antes de cortar tela real. Ahí se decide dónde cae cada costura y cómo se comporta el panel de la espalda cuando el torso rota sobre la bici. La ropa ajustada no perdona un patrón dibujado a ojo: un jersey se diseña para un cuerpo doblado sobre un manubrio, no para un maniquí parado. Un trisuit tiene que funcionar nadando, pedaleando y corriendo. Un singlet tiene que moverse contigo doce kilómetros sin rozar.
Después, tinta que se vuelve fibra
El diseño de tu equipo se imprime en papel y una calandra lo transfiere a la tela con calor. La sublimación no deposita tinta sobre la tela: el calor la convierte en gas y la mete dentro de la fibra. Por eso un kit sublimado no se pela, no se cuartea y no agrega peso — acá está la comparación completa contra la serigrafía.
Para un equipo esto tiene una consecuencia práctica: no hay diferencia de costo entre un diseño de dos colores y uno de veinte. La complejidad visual es gratis. Lo que pagas es la prenda, no la tinta.

Luego, la mesa de corte. Al final, manos
Los paneles impresos se cortan pieza por pieza — la precisión define si las mangas del equipo entero quedan idénticas. Y la última etapa no la hace una máquina: la hacen costureras que llevan años cerrando prendas deportivas y saben en qué parte del cuerpo va a trabajar cada costura que rematan. La costura plana contra la piel. La badana fijada sin un pliegue, porque un pliegue ahí se siente al kilómetro 60.
Por qué te conviene que esto quede cerca
- Tiempos en días, no en meses. Un pedido pequeño sale desde 8 días laborables; uno de club completo, en 15 a 20.
- Sin pedido mínimo. El taller es nuestro; nadie nos impone lotes. Una prenda es un pedido válido.
- La reposición existe. Rota una prenda en una caída, se repone el diseño exacto: el archivo vive acá.
- Cerca de verdad. De Atuntaqui a tu casa, no de un puerto a una aduana.
Un kit tarda más en decidirse que en producirse. Cuando el diseño está aprobado y cada quien confirmó su talla, lo que sigue es tinta, calor, corte y costura — a unas horas de tu subida favorita.
Una prenda o un club entero.
Producción propia en Atuntaqui: sin mínimo, desde 8 días laborables, con el archivo de tu diseño guardado para siempre.
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